|
Los Grossi acordarían examinar a los dos pilotos, y para ello montarían su observatorio al final de una
larga recta del circuito de La Cumbre, que remataba con un tortuoso de curvas y contra curvas.
Keller probaba primero, haciendo todo muy prolijo y con toda normalidad, pasando sin problemas
frente a los hermanos observadores. Después subía Carlos, quien se sentaba en la Berlina Fiat 1500, como si toda la vida hubiera manejado ese auto. Al rato se escucha el bramido de los cuatro cilindros. Américo -Dice la leyenda- repasaba: "Ahora corta". Reutemann, en cambio, en lugar de ceder en sus impulsos, pasaba de tercera a cuarta.
"Este desgraciado!!! ¿No piensa cortar nunca?". Nada… La berlina 1500 seguía levantando vueltas
mientras los hermanos temblaban esperando "la piña". A escasos 50 metros de la curva, el piloto del rojo proyectil bajaba la velocidad, conectaba la tercera con impecable trabajo de "punta y taco", apenas peinaba el freno, metía segunda y acelerando a fondo empezaba a doblar impecablemente como si hubiera nacido por aquellos lugares.
El mismo Reutemann, a 40 años diría: "Aquella frenada me salió redonda. En esa curva, nunca volvería
a entrar tan fuerte…". Los hermanos Grossi ordenarían a su vez: "La calidad de su manejo nos aconsejaba que teníamos que quedarnos con él. Después de andar tanto tiempo en esto de corredores y de autos para correr, uno se da cuenta de quién es el que anda y quién es el que improvisa". |
|
El 30 de Mayo de 1965, en el mismo circuito de La
Cumbre, se producía su estreno deportivo. La ilusión de correr duraría muy poco tiempo, la frustración vendría a los pocos metros de la largada, cuando el motor de la berlina 1500 se desgarraba al cortase una biela tras la exigencia inicial. Una duda se le planteaba a Reutemann: "¿Yo había roto la biela o era una pieza con defecto?". Pero el denso calendario del TN de aquella época, en un país en la abundancia ofrecería rapidamente una nueva confrontación y una rápida revancha. Y sería en Córdoba, con la organización del Automóvil Club de Carlos Paz donde llegaría el triunfo… |
|
Y tiene presente que Osvaldo Rolf Juchet lo aventajaba en la primera vuelta con un Peugeot 403 por 2s1,
por radio Américo Grossi le confirmaba que iba bien, preguntándole si era capaz de descontar, respondía: "Creo que si, vengo bastante cómodo". Al final, su triunfo sería por 48s2 a 98,933 Km/h. En el dominio de la paradoja se anotaba Maresio, tercero, con un Alfa Giulia, el auto que Reutemann siempre había soñado correr.
Extraído del libro "Los días de Reutemann" de Alfredo Parga
|
|
Don Carlos Grossi (director de la concesionaria Fiat
Grossi de Rafaela), con asiento permanente en Santa Fe, siempre razonaba cuidadosamente el prólogo de su participación en la incipiente trayectoria. "Carlos iba desde Santa Fe a Rafaela, donde mi hermano Américo estaba a cargo de nuestra agencia. Iba a Rafaela casi todos los días. Decía que tenía interés en manejar alguno de nuestros autos; lo hacía de una manera muy respetuosa, pero firme. Con Américo charlábamos la posibilidad que planteaba aquel mozo de tanta personalidad que sabía lo que quería, evidentemente. Y advertíamos la profunda convicción que lo empujaba para alcanzar su objetivo".
A su vez, Américo Grossi completaría: "Decía que quería
correr un auto, y yo tenía un pistero nato, pero muy temperamental: Luis Keller. No sabía que tal manejaba Carlos, así que una vez fuimos hasta La Cumbre para saber que cosa sabía hacer. Probábamos". |
|
A 40 años del primer triunfo de
Carlos Reutemann con Fiat 1500
|
|
Reutemann no adorna aquella victoria, la primera de su
carrera, con ningún ropaje sensacional. "Fue un zapatillazo; yo no tenía antecedentes y de ningún modo podía ganar razonablemente aquella carrera en la que se habían anotado tantos pilotos calificados. La verdad es que me había preparado con todo. Recuerdo que el día anterior a la carrera, me subí al Renault 4L de mi hermano Enrique para ver como era el circuito. Y le daba sin asco: 23 vueltas. A Enrique se lo gasté al 4L". |